Otra
vergüenza en "The New York Times"
Jorge
G. Castañeda
Ayer, el día de mayor
circulación de los diarios en Estados Unidos, apareció en la sección de
editoriales y columnas de The New York Times, una foto casi de plana entera:
una joven madre hondureña, con su hija (de 3 años) y su hijo (de 6). La foto
ilustra un artículo, titulado “Refugiados en nuestras puertas”, firmado por
Sonia Nazario, periodista norteamericana ganadora de un Premio Pulitzer. El
subtítulo reza así: “Le estamos pagando a México para que impida que llegue
gente a nuestra frontera”.
Cito algunos pasajes
del desgarrador relato de Nazario: “A lo largo de los últimos 15 meses, a
petición del presidente Obama, México ha desplegado una feroz ofensiva contra
los refugiados que huyen de la violencia en Centroamérica. EU le ha entregado a
México decenas de millones de dólares durante el ejercicio que terminó el 30 de
septiembre, para impedir que estos migrantes lleguen a la frontera
estadounidense y soliciten asilo... EU ha trasladado (outsourced) a México un
problema de refugiados semejante al que sacude hoy a Europa”.
Nazario ofrece datos,
ya citados por organizaciones mexicanas de derechos humanos. A partir de julio
de 2014, el gobierno de México envió entre 300 y 600 agentes de migración a la
frontera sur, y llevó a cabo más de 20 mil redadas en la zona. En los siete
meses entre septiembre de 2014 y marzo de este año, las autoridades mexicanas
detuvieron a 92 mil 889 centroamericanos, más que los 70 mil 448 detenidos por
EU. Para el ejercicio 2016, la cifra crecerá 70 por ciento. En particular,
hemos detenido a 18 mil 310 menores de edad no acompañados. En cambio, solo se
le concedió asilo a 18 niños
centroamericanos en todo 2014.
Concluye la autora: “En
lugar de financiar únicamente las actuales políticas hacia los migrantes en
México, debiéramos ayudar a México a llevar a cabo un esfuerzo justo para
evaluar quiénes deben ser tratados como refugiados. Mientras se evalúan sus
demandas, debiéramos ayudar a México a organizar refugios decentes para
atenderlos”.
Debieran tener
vergüenza los funcionarios mexicanos que decidieron proceder de esta manera. No
sé si Washington los presionó, o les prometió algo a cambio. Sé que esto no es
lo que se hizo en los años 80 con los salvadoreños y guatemaltecos que huían de
una violencia ni más ni menos sangrienta que la de hoy. Ojalá en las próximas
visitas de relatores, expertos y
comisionados (altos y bajos) de la OEA y la ONU, también se fijen en estas
violaciones de derechos humanos, que no le piden nada a lo que sucede en
Guerrero, Michoacán, Tamaulipas, o el Estado de México.




<< Home